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BLOG | REPORTAJES | 05 de Noviembre de 2001

Objetivo: Inca Huasi (6.638 m.)

Por Angela Benavides  | 
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El volcán Inca Huasi ("Casa del Inca") alcanza una altura de 6.638 metros, y tiene, como una de sus más destacadas características, el haber sido ascendido con anterioridad a la conquista de América.

Hacia la Cumbre...

El Domingo 9, a las 8 horas partimos conduciendo nuestro vehículo por un gendarme que tuvo la gentileza de acercarnos un poco más alla de la mitad del camino -caminaríamos para aclimatar mejor- donde nos dejó ligeros de equipaje, y procedió a regresar a las Grutas. Allí estacionaría el vehículo que quedaría protegido de los fuertes fríos del amanecer. No está demás recalcar que se necesita colocar anticongelante en el radiador, al punto extremo y si se utiliza diesel, también anticongelante especial o kerosene.
En poco tiempo llegamos a los 4.300 metros de altura, donde estaba la carpa y procedimos a armar nuestras mochilas con los elementos que necesitabamos para la ascensión, incluídos los crampones y agua abundante. Continuamos, ahora con más peso la ascensión y pasadas las 14 horas, y a los 4.750 metros de altura armamos nuestro Campamento 1. Usaríamos una sola carpa para los tres, y habíamos dejado la otra armada a los 4.300 metros con comida y agua por cualquier emergencia y necesidad de evacuación desde altura.Pronto nos metimos en nuestras bolsas y se hizo interminable la tarde y la noche. Las comunicaciones que por radio teníamos a las 12 y a las l9 horas con Gendarmería Nacional aliviaban el tedio y nos daban contacto, ya que resaltaba una blanca y fantasmal soledad a nuestro alrededor.

 

El uso responsable de la radio se ha convertido en un elemento fundamental para cualquier expedición. Es ya imprescindible en todo curso de andinismo la participación de un profesor de Radio Club que asesore a los montañistas. Está más que demostrado que se salvan vidas gracias a este importante medio de comunicación.
A la mañana siguiente, y luego de esperar que saliera el sol, para evitar movernos con el frío manto del amanecer, tras un humeante y caliente desayuno, y luego de haber desarmado nuestra carpa, partimos hacia el campamento dos.
La pendiente era abrupta, y en ningún lugar se podían apreciar señales o antecedentes de otras expediciones. Recién a la vuelta y por la ya larga experiencia en estas montañas, pudimos dibujar en nuestros pensamientos y proyectar en la montaña, el camino lógico que hacían los Incas.Cerca de las 18 horas, y luego de atravesar un inclinado, nevado y ancho acarreo de piedra pómez y granulado volcánico, que se desarmaba aún más ante nuestras pisadas proyectándonos hacia el valle, pudimos acceder a una cresta rocosa nevada en cuya base debimos tallar con las piquetas, durante más de una hora, el piso que ocuparía nuestra carpa. Estabamos a los 5.650 metros de altura y ahí establecimos nuestro Campamento 2.

Al salir de la carpa teníamos que tener cuidado de no derrapar hacia el valle. Tal era la inclinación y la forma peligrosa en que se deshacía el acarreo no consolidado del lugar donde estábamos. La comunicación por radio de las 19:00 horas nos volvió a dar sensación de compañía entre los ruidos de cambiantes ráfagas de fuerte viento.
Luego, una planificada señal de luces de linterna con el grupo de Gendarmería, en el fondo del valle, a las 21 horas, donde sólo nosotros vimos su titilar lumínico, a pesar que nos separaban unos 26 kilómetros. Después escuchando nuestros equipos walkman nos pusimos a dormir. El día siguiente sería, Dios mediante, de cumbre.

Despertamos a las 6 de la mañana, pero nadie se animaba por el frío tremendo a iniciar la punta. Decidimos salir a las 8 horas con un poco de sol. Había que superar casi 1.000 metros de desnivel hasta la cumbre pero estábamos bien a pesar de haber dormido y despertado muchas veces durante la noche, con esos molestos y pesados sueños que brinda la altura.
Salimos a las 8,15 horas, y paso a paso, en una interminable maraña de precumbres y alturas, algunas de larga transición, superamos la parte del cono inclinada accediendo a un largo borde de mucha menor inclinación que bordea a la zona de cráter. En nuestro avance hacia la cumbre detectamos el fino sendero inca, determinándolo por contraste al destacarse en el entorno compactado y con carencias parciales de nieve. Maldecimos por no haberlo determinado antes, ya que lo encaramábamos casi al final. Provenía de otro lugar de ascenso y su tránsito era más cómodo. Era la ruta lógica Y no podíamos regresar por él para estudiarlo ya que teníamos la carpa armada y nuestros equipos en el campamento dos.

Llegamos a las 14,36 horas del Martes 11 de Marzo a la cumbre. Es la parte más alta de un irregular y muy difícil de detectar borde del cráter volcánico. El costado interno del mismo, en la zona de cumbre, baja en un corte directo y profundo de casi 90 grados. Es imposible desde la distancia o los 4.000 metros poder determinarlo. Allí estábamos. Eufóricos y emborrachados de las imágenes que se nos brindaban, queriendo fotografiar todo en nuestra mente y festejando el esfuerzo tremendo de haber llegado.
El viento, con ráfagas de polvo de nieve, nos había acompañado muy fuerte el día anterior y de a ratos en este día de cumbre, pero ahora no estaba y aprovechamos. Estabamos seguros de haber ascendido algunos sectores de la vertiente argentina y chilena. Hacían unos 2 grados bajo cero de temperatura y el esfuerzo de 6 horas y media de trabajo ya no lo sentíamos. Alejandro había encontrado con la mirada la pirca inca que unos 15 metros mas abajo, hacia el este, se fundía contra un borde rocoso del cráter. Las nevadas de días atrás la hacían inexpugnable, ya que la nieve se encontraba convertida en hielo y era imposible mover o cambiar piedra alguna, si se hubiera intentado. Nos limitamos a filmarla y fotografiarla, pensando en que 500 años atrás desde ese atalaya se habrá observado todo el movimiento del entorno de la Laguna Verde, la Laguna Las Grutas y el valle de Chaschuil, y tal vez, como lo prueba un tronco quemado que se encontró años atrás se habrán emitido señales o trasmitido las recibidas desde otras montañas, cosas de las que doy fe por haber encontrado restos similares en otras a las que hemos ascendido.
Cualquier expedición posterior que se haga, sería conveniente canalizarla desde la base de la Laguna y tratando de encontrar el ascenso de los incas, ya que así, al igual que en el LLullaillaco y el Mercedario -entre otros- deberían aparecer dos campamentos de altura incas aún no descubiertos, uno de los cuales estará por los 5.000 metros y el otro por los 6.000. Casi al igual que el método por nosotros empleado de ascenso de cumbres de más de 6.500 metros.

Iniciamos el regreso, el que no deja de ser casi más dificultoso que el ascenso, en especial luego de los 6.000 metros y hasta los 5.500, y regresamos a nuestro campamento 2 donde descansamos luego del agotador día. Pudimos dormir mucho mejor, a pesar de la altura, previo contacto por radio comunicando el triunfo a los Gendarmes de las Grutas, quienes al día siguiente nos vinieron a buscar en nuestro vehículo a los 4.300 metros, donde originalmente quedó nuestro equipo.
Luego de los saludos y felicitaciones nos dirigimos de regreso, comodamente, sin llevar un gramo de carga alguna, y saboreando anticipadamente la suculenta fuente de milanesas, -que nos confiaron-, nos estaban esperando para festejar la cumbre.

El regreso suele ser tan gratificante como la llegada a la cumbre, en especial cuando ésta ha sido coronada, pero todo ello unido a saborear las extensas milanesas de carne regadas con un blanco y perfumado vino catamarqueño. Era un sueño gastronómico.
Ha sido una temporada de mucho trabajo, se impone el descanso y la meditación para la próxima, pero eso ahora no iba a perturbar nuestro ansiado almuerzo.
Luego las anécdotas, las risas y las promesas de enviar la filmación. Pero nuestra cabeza era un hormiguero deseando conocer más y continuar la búsqueda de lo que nos podían contar las piedras de sus siglos de roces con el hombre, en medio de la dulce soledad tan cercana al cielo de la Cordillera de Los Andes.


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